Los 4 mejores actores de comedia de la historia del cine

Serie: Rankings — Comedia

Hacer reír es lo más difícil que existe en la actuación. Un drama te puede conmover con una buena escena y buena música. Pero la comedia no perdona: o funciona, o no funciona, y el silencio de un público que no se ríe es el fracaso más brutal que un actor puede sentir.

Por eso, los que dominan la comedia son una raza aparte. De todos los que lo intentaron, hay cuatro nombres que trascendieron el género y cambiaron el cine para siempre. Este es nuestro ranking.

4. Eddie Murphy: el hombre que era muchos hombres

Eddie Murphy llegó como un huracán. Nacido en Nueva York, empezó haciendo stand-up influenciado por Richard Pryor, y a los pocos años ya era la estrella indiscutible de Saturday Night Live. En 1982 dio el salto al cine con 48 Hrs., y ahí explotó todo.

Los 80 fueron suyos: Trading Places, Beverly Hills Cop, Coming to America. Sus especiales de stand-up, Delirious y Raw, son hoy material de estudio. Y su carisma era tan grande que podía sostener una película entero él solo.

Pero lo que lo hace único es otra cosa: su capacidad de interpretar múltiples personajes en una misma película. En Coming to America y en The Nutty Professor se transformaba en varias personas distintas, cada una con su propia voz, su propio cuerpo, su propia alma. Nadie hacía eso. Después conquistó a una generación nueva como la voz de Burro en Shrek.

Curiosamente, de niño Murphy desarrolló esa habilidad de hacer múltiples personajes imitando a su héroe, Peter Sellers. Y entre sus influencias declaradas están dos nombres que aparecen más adelante en esta lista: Robin Williams y Charlie Chaplin. Guárdate ese dato.

3. Jim Carrey: el cuerpo como instrumento

Si la comedia física es un idioma, Jim Carrey lo habla como nadie desde el cine mudo.

En los 90 llegó con una energía que parecía imposible: Ace Ventura, The Mask, Dumb and Dumber. Su cara de goma, capaz de deformarse en expresiones que ningún otro actor podía lograr, creó un molde nuevo de estrella cómica. Carrey no interpretaba comedia: se lanzaba a ella con el cuerpo entero, sin red, dispuesto a hacer el ridículo más absoluto con tal de arrancarte una carcajada.

Y aquí está lo que lo eleva del “cómico gracioso” a “gran actor”: su disposición a transformarse por completo influyó en cómo toda una generación de actores cómicos aborda sus personajes. Pero además demostró que podía hacer mucho más. The Truman Show y Eternal Sunshine of the Spotless Mind revelaron a un actor dramático de primerísimo nivel, capaz de una tristeza tan honda como su locura.

Esa mezcla —lo salvaje y lo sensible en el mismo hombre— es la marca de los grandes.

2. Robin Williams: la mente más rápida del planeta

Hay actores graciosos. Y luego estaba Robin Williams.

Su don era irreal: una capacidad de improvisación que nadie ha igualado. Sus directores contaban lo mismo una y otra vez: rodaban, Williams empezaba a improvisar, y lo que salía de su boca era mejor que el guion. Muchas de sus mejores líneas —incluyendo buena parte del Genio de Aladdin— salieron de ese torrente imparable de ocurrencias en tiempo real.

Pasó del stand-up a la televisión y de ahí al cine con una facilidad asombrosa. Good Morning, Vietnam, Mrs. Doubtfire, Aladdin, Dead Poets Society. Y ahí está la clave: podía hacerte llorar en la misma película en la que te había hecho reír hasta doler.

Un crítico lo describió mejor que nadie: “Ningún comediante, salvo Chaplin, fue nunca confiado con más corazón”. Se le imitó infinitas veces, pero nunca se le igualó. Nadie podía ser él.

Williams falleció en 2014, y su ausencia todavía se siente. Pero su legado —esa idea de que la comedia y la humanidad son la misma cosa— sigue siendo el estándar.

1. Charlie Chaplin: el que inventó todo

Y aquí llegamos al primero, y no hay discusión posible.

Charlie Chaplin nació en la pobreza en Inglaterra, con casi ningún apoyo de sus padres. Encontró en la actuación una vía de escape, se unió a la compañía Fred Karno, y a los 19 años se mudó a Estados Unidos. Lo que hizo después no fue construir una carrera: fue inventar el lenguaje de la comedia en el cine.

Su personaje del Vagabundo (The Tramp) —con su bastón, su bombín y su caminar inconfundible— lo convirtió en la primera estrella global de la historia. Lo interpretó en más de dos docenas de películas, incluyendo obras eternas como The Kid, City Lights, Modern Times y The Gold Rush.

Pero Chaplin no solo hacía reír. Su genio fue mezclar la carcajada con la ternura y con la crítica social. El Vagabundo era gracioso, sí, pero también era pobre, digno y profundamente humano. Chaplin te hacía reír de un hombre y, en el mismo plano, te hacía quererlo. Esa fusión de humor y humanidad es la razón por la que su obra sigue funcionando cien años después.

Y aquí un dato que quizás no sabías: interpretar a Chaplin fue justamente lo que le dio a Robert Downey Jr. su primera nominación al Óscar en 1992, años antes de su famosa caída y su regreso con Iron Man, historia que ya te contamos en otro artículo.

Chaplin inventó rutinas de comedia física que se siguen imitando y replicando hasta el día de hoy. Como escribió un crítico: cuando se trata de la comedia moderna, Chaplin es el primero, el último, y todo lo que hay en medio.

El hilo que los une

Fíjate en algo hermoso: Eddie Murphy creció admirando a Chaplin y a Robin Williams. A Robin Williams lo llamaban “nuestro Chaplin”. Y Jim Carrey heredó, sin saberlo, el mismo dominio del cuerpo que Chaplin perfeccionó cuando el cine ni siquiera tenía sonido.

Los cuatro están conectados por una misma línea que atraviesa un siglo de cine. Y esa línea empieza en un hombre pobre de Londres con un bombín y un bastón.

¿Estás de acuerdo con este ranking? ¿A quién habrías puesto tú?

Similar Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *