Cuando cambian al actor y la magia se pierde: The Mummy, de Brendan Fraser a Tom Cruise
Serie: Remakes que no funcionaron — La Momia
Hay remakes que fracasan por poco. Y hay remakes que fracasan tan fuerte que se llevan por delante los planes de toda una década de un estudio. The Mummy de 2017, protagonizada por Tom Cruise, pertenece a la segunda categoría. Fue tan grande el batacazo que enterró un universo cinematográfico entero antes de que pudiera nacer.
Y lo más curioso: la versión que sí funcionó, la de Brendan Fraser de 1999, era la que nadie esperaba que fuera un éxito. Esta es la historia de por qué una funcionó y la otra se hundió.
La versión que conquistó a una generación
En 1999, el director Stephen Sommers tomó el viejo monstruo de Universal —la momia del clásico de 1932 con Boris Karloff— y lo convirtió en algo completamente distinto: una aventura trepidante, mitad Indiana Jones, mitad película de acción con humor.

Brendan Fraser interpretaba a Rick O’Connell, un aventurero carismático, y Rachel Weisz a Evy, una egiptóloga encantadora. La fórmula era simple y funcionaba: romance, terror ligero, peleas, chistes y muchísimo carisma. No pretendía ser una obra maestra profunda. Quería que te divirtieras, y lo lograba.
El detalle importante es que nadie apostaba por ella. Las críticas de 1999 fueron tibias. Pero el público la adoró. Con un presupuesto de 80 millones de dólares, recaudó más de 400 millones en todo el mundo. Fue un éxito tan grande que generó dos secuelas, un spin-off que lanzó la carrera de Dwayne Johnson (The Scorpion King), e incluso una atracción de parque temático. Las tres películas de Fraser juntaron más de 1.200 millones de dólares.
La versión que tenía todo para ganar… y perdió
Avancemos a 2017. Universal quería hacer lo que Marvel había logrado: un universo cinematográfico compartido. Lo llamaron el “Dark Universe” (Universo Oscuro), una saga que reuniría a todos sus monstruos clásicos: la Momia, el Hombre Invisible, el Doctor Jekyll, Frankenstein.

Y para lanzarlo, sacaron la artillería pesada: Tom Cruise, una de las estrellas más grandes del planeta. Un presupuesto enorme. Una campaña de marketing masiva. Hasta publicaron una foto promocional con Cruise, Russell Crowe, Javier Bardem, Sofia Boutella y Johnny Depp, anunciando el universo entero.
Sobre el papel, era imposible que fallara. Y falló de forma espectacular.
El desastre en números
Los números son demoledores. La película obtuvo un 15% en Rotten Tomatoes por parte de la crítica —una de las peores calificaciones para una superproducción de ese tamaño—. Recaudó unos 410 millones de dólares en todo el mundo, que suena bien hasta que sabes que, entre producción y marketing, había costado alrededor de 345 millones. Necesitaba unos 450 millones solo para no perder dinero. Resultado: una pérdida estimada de 100 millones para Universal.
Y la consecuencia fue todavía mayor: el “Dark Universe” se canceló por completo. Murió antes de que se rodara la segunda película. Toda esa foto promocional con estrellas quedó como un monumento al fracaso.
El propio director, Alex Kurtzman, lo admitió después sin rodeos: fue “probablemente el mayor fracaso de mi vida, tanto personal como profesionalmente”.
¿Por qué una funcionó y la otra no?
Aquí está lo interesante, y quien mejor lo explicó fue el propio Brendan Fraser. Cuando le preguntaron por la versión de Cruise, no atacó a nadie —de hecho reconoció lo difícil que es hacer estas películas, porque él lo intentó tres veces—. Pero puso el dedo en la llaga con una sola palabra: diversión.
“El ingrediente que teníamos en nuestra Momia, que no vi en esa película, era la diversión”, dijo Fraser. “La Momia debería ser una montaña rusa, no algo aterrador y sombrío”.
Y ahí está todo. La versión de 1999 sabía exactamente lo que era: una aventura divertida, sin pretensiones. La de 2017 estaba tan ocupada construyendo un universo entero, tan preocupada por ser oscura y seria, que se olvidó de lo esencial: entretener. Toda la trama se detenía para preparar las siguientes películas que nunca llegaron. Era, como alguien lo describió, “una presentación de PowerPoint de mal humor”. Mucha mitología, ninguna alma.
Incluso Cruise, con todo su carisma, quedó apagado en un papel que no lo dejaba brillar. Y la momia misma —Sofia Boutella— quedó relegada en su propia película.
La lección del remake
La historia de estas dos momias deja una enseñanza clara sobre por qué tantos remakes fracasan. No basta con tener más dinero, una estrella más grande o efectos más modernos. La versión de Fraser costó menos, tenía un actor menos famoso y efectos más antiguos, y aun así es la que la gente recuerda con cariño.
Porque entendía a su público. Sabía que la gente iba al cine a pasarla bien, no a que le vendieran las próximas cinco películas.
A veces cambian al actor, cambian el presupuesto, cambian el tono… y la magia, sencillamente, se pierde.
¿Y tú, cuál crees que fue la mejor versión?
