El rodaje de El Resplandor: la historia detrás de la actuación de Shelley Duvall

Serie: Curiosidades de rodaje — El Resplandor

Es una de las películas de terror más famosas de la historia, y detrás de su escena más recordada hay una historia de rodaje que se ha contado mil veces… casi siempre a medias. La actuación de Shelley Duvall como Wendy Torrance en El Resplandor de Stanley Kubrick es tan intensa, tan real, que durante décadas se convirtió en leyenda de Hollywood. Pero la verdad de lo que pasó en ese set es más complicada —y más interesante— de lo que suele contarse.

Un perfeccionista obsesivo

Para entender el rodaje hay que entender a Stanley Kubrick. El director era famoso por ser un perfeccionista casi neurótico. Su película anterior, Barry Lyndon, no había funcionado bien en taquilla, y Kubrick estaba decidido a hacer algo que conectara con el público. Eso convirtió el rodaje de El Resplandor (1980) en una experiencia agotadora para todo el elenco.

Kubrick pedía toma tras toma tras toma. No le importaba tener a 60 personas del equipo esperando; seguía adelante con su visión hasta conseguir exactamente lo que veía en su cabeza. Él mismo lo defendía con lógica fría: decía que las tomas se repetían tanto porque “los actores no están preparados”, que si un actor tiene que pensar en las palabras, no puede trabajar la emoción.

La escena legendaria

La escena más comentada es aquella en la que Wendy, aterrorizada, intenta defenderse de su esposo enloquecido con un bate de béisbol mientras retrocede por las escaleras. La actuación de Duvall es sobrecogedora: los ojos hinchados, la voz débil, el agotamiento absoluto. Se ve tan real porque, en buena parte, no era del todo actuación: Duvall estaba genuinamente exhausta.

Según la leyenda de Hollywood, Kubrick rodó esa escena 127 veces —lo que durante años figuró como el récord de más tomas para una escena con diálogo—. El rodaje de la película se extendió más de un año, y Duvall pasaba jornadas enteras llorando y en estado de tensión para meterse en el papel. Ella misma lo describió: “Despertar un lunes por la mañana, tan temprano, y darte cuenta de que tenías que llorar todo el día porque estaba programado… simplemente me ponía a llorar”.

Pero aquí la historia se complica

Y ahora viene la parte que casi nadie cuenta, y que es importante para ser justos.

Ese famoso número de “127 tomas” fue desmentido en el libro oficial sobre la película escrito por Lee Unkrich. El rodaje fue duro, sí, pero la cifra exacta que todo el mundo repite como dato curioso no es tan sólida como parece.

Y más importante: la propia Shelley Duvall siempre defendió su experiencia. A lo largo de los años tuvo la oportunidad de confirmar los rumores de maltrato, y no lo hizo. En una entrevista de 2001 dijo: “No cambiaría la experiencia por nada. ¿Por qué? Por Stanley. Fue una fascinante experiencia de aprendizaje”. Contó que tenía buenos recuerdos, que comía McDonald’s con Kubrick y jugaba ajedrez con él. Nunca lo culpó de nada.

Tras la muerte de Duvall en 2024, el patrimonio de Kubrick publicó un mensaje señalando que, a pesar de las exageraciones sobre su trato en el set, ella siempre habló bien de la experiencia.

Las dos verdades

Entonces, ¿qué pasó realmente? Probablemente ambas cosas a la vez, y por eso el caso es tan discutido.

Es cierto que el rodaje fue extremo. La hija del propio Kubrick, Vivian, filmó un documental del rodaje donde se ve al director siendo duro con Duvall, pidiéndole al equipo que no le mostrara simpatía para mantenerla en un estado emocional tenso. También es cierto que Duvall terminaba las jornadas agotada, y que críticos de la época fueron injustos con ella —incluso la nominaron a un premio Razzie a peor actriz, una nominación que la organización retiró décadas después, en 2022, al conocer las condiciones del rodaje—.

Pero también es cierto que la propia actriz nunca se presentó como víctima, que valoró lo que aprendió, y que se sintió orgullosa de ser recordada por un clásico. Como ella misma dijo: “Aunque el ambiente en el set a veces era desagradable, ahora soy recordada por una película que se ha convertido en un clásico del terror”.

Lo que queda

Hay un detalle final que lo dice todo. Cuando Duvall vio la película terminada, quedó impactada. “Había escenas que no vi mientras se filmaban”, contó. “¿Esa escena de las dos niñas al final del pasillo, y luego se separan y ves lo que hay detrás? Eso daba miedo. Mucho miedo”.

Más de cuarenta años después, El Resplandor es considerada una obra maestra del terror, y la interpretación de Duvall —lejos de aquel injusto Razzie— hoy se celebra como una de las grandes. La historia de su rodaje es un recordatorio de que detrás de cada escena icónica hay personas reales, y de que las leyendas de Hollywood casi siempre tienen más de una cara.

Este es un tema delicado, y por eso vale la pena contarlo completo: la mejor manera de honrar a los artistas es contar su historia con precisión, no con morbo.

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