El plan secreto de Spielberg: cómo hizo que todo el elenco odiara a Matt Damon en Rescatando al Soldado Ryan
Serie: Curiosidades de rodaje — Rescatando al Soldado Ryan
Rescatando al Soldado Ryan (1998) es considerada una de las representaciones más realistas de la Segunda Guerra Mundial jamás filmadas. Ganó cinco premios Óscar y sigue influyendo en el cine bélico hasta hoy. Pero ese realismo tan alabado no salió de la nada: Steven Spielberg orquestó, entre bastidores, un plan psicológico bastante retorcido. Y su blanco fue nada menos que el protagonista, Matt Damon.
Esta es la historia de cómo el director hizo que todo el elenco odiara —de verdad— al actor que se suponía debían rescatar.
Un campamento militar de verdad
Para que sus actores se sintieran como soldados reales, Spielberg —por recomendación de Tom Hanks— los envió a un campamento de entrenamiento militar de seis días antes de rodar. No era actuación: era un boot camp real, dirigido por el capitán Dale Dye, un veterano con 21 años en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos.
Y fue brutal. Dye les quitó sus nombres y los llamaba solo por los de sus personajes. De hecho, al grupo entero los apodaba “the turds” (algo así como “los inútiles”), con la única excepción de Tom Hanks, que se ganó el “honor” de ser “Turd No. 1”. Los actores corrían hasta ocho kilómetros al día cargando mochilas completas, dormían apenas tres horas por noche, entrenaban con armas y comían raciones militares —incluyendo unas latas de “hígado de res con cebolla” que, según ellos, “parecían vómito”—, todo bajo lluvia helada.
El elenco lo sufrió de verdad. Edward Burns llegó a llamarlo “la peor experiencia de mi vida”. De hecho, a los tres días los actores hicieron una votación para abandonar: siete de ocho querían irse. El único que se opuso fue Tom Hanks, que los convenció de aguantar prometiéndoles que valdría la pena. En una segunda votación, decidieron quedarse.
El actor que se quedó en casa
Pero había alguien que no estaba sufriendo en el barro: Matt Damon, que interpretaba al soldado Ryan, el personaje que todos debían encontrar y rescatar.
Mientras sus compañeros pasaban frío, hambre y agotamiento, a Damon le dijeron que se quedara tranquilo en casa, descansando. Y sus compañeros no sabían por qué. Solo veían una injusticia: ellos rompiéndose en el lodo, y el protagonista relajado, sin aparecer.
El resentimiento empezó a crecer. Y eso era exactamente lo que Spielberg quería.
El plan al descubierto
Años después, el propio Damon reveló el plan en una entrevista con la revista GQ. Spielberg lo había mantenido lejos del campamento a propósito, para que el resto del elenco desarrollara un rencor genuino hacia él.
En palabras de Damon: “Steven hizo que yo no fuera al boot camp para que los otros me tuvieran resentimiento. Todos pasaron por esa experiencia y se unieron, pero como yo era el personaje que iban a buscar, terminaron resintiendo a este tipo por el que estaban arriesgando la vida. Steven me mantuvo alejado de ellos a propósito”.
Y remató con la mejor imagen: “Esos tipos estaban tirados boca abajo en el lodo, y yo estaba, ya sabes, en una bañera de burbujas en Estados Unidos. Cuando aparecí en el set, buena parte de ese resentimiento se tradujo directamente a la pantalla”.
Por qué el plan era brillante
Aquí está la genialidad de la jugada, y tiene todo que ver con la historia de la película.
En la trama, un pelotón arriesga la vida para rescatar a un solo soldado, mientras van perdiendo compañeros por el camino. Cuando finalmente encuentran a Ryan, hay una tensión inevitable: ¿por qué la vida de este muchacho vale más que las suyas? Y peor aún: cuando lo encuentran, Ryan ni siquiera quiere volver a casa, decidido a seguir luchando.
Para que esa frustración se sintiera real en pantalla, Spielberg necesitaba que los actores sintieran, de verdad, algo de ese rencor hacia Damon. Y lo consiguió sin que ellos lo supieran. Cuando ves las caras del pelotón al encontrar a Ryan, esa mezcla de alivio, enojo y decepción no es del todo actuación. Es resentimiento real, cultivado durante semanas.
Un detalle irónico: el propio Spielberg tampoco fue al campamento. Con humor, dijo después que “una de las ventajas de ser director es que puedes librarte a ti mismo de los detalles difíciles”.
Lo que enseña esta historia
El truco de Spielberg es un ejemplo perfecto de hasta dónde llegan los grandes directores para conseguir autenticidad. No le pidió a sus actores que “actuaran” resentimiento. Construyó las condiciones para que lo sintieran de verdad, y luego dejó que la cámara lo capturara.
Funcionó tan bien que veteranos reales de la Segunda Guerra Mundial elogiaron el realismo de la película. Y Hanks y Spielberg aprovecharon lo aprendido para crear después la aclamada serie Band of Brothers.
A veces, la magia del cine no está en el guion ni en los efectos, sino en lo que pasa cuando las cámaras aún no están grabando.
¿Conocías esta historia detrás de una de las películas bélicas más importantes del cine?
